Octava de Pentecostés
Pentecostés es el Don gratuito que Jesús prometió y cumple en enviar a los que están reunidos junto a la Madre Santísima.

Prosigue San Basilio:
“De esta comunión con el Espíritu procede la presciencia de lo futuro, la penetración de los misterios, la comprensión de lo oculto, la distribución de los dones, la vida sobrenatural, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, de aquí la permanencia en la vida divina, de aquí el ser semejantes a Dios, de aquí, finalmente lo más sublime que se puede desear: que el hombre llegue a ser como Dios”.
Y nosotros en esta octava de Pentecostés rezamos: (Extraído del Akatistos).
Venga tu Santo Espíritu,
Señor de las potencias celestiales.
Abre nuestra mente y purifícanos porque somos incapaces de alabar tu Santo Nombre.
Y déjanos suplicarte: Aleluya!
Espíritu, fuerza transformadora
Espíritu, sabiduría creadora
Espíritu, firmeza del pueblo en su vocación
Espíritu, que todo lo orientas hacia Dios.
Espíritu, dulce entusiasmo de los Ángeles.
Espíritu, fuerte salvación de los padres
Espíritu, maravilloso honor de los patriarcas.
Espíritu, glorioso apoyo de los gobernantes.
Espíritu, inteligencia y sabiduría
Espíritu, consejo y fuerza de David
Espíritu, fuerza de los que vivieron en Israel
Espíritu, fuerza y poder de Yahvé.
Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi, pecador. Gracias por envíanos tú Santo Espíritu!
Rezo por ti y me encomiendo a tus oraciones.
Hna. Mónica Jaciuk, OSBM
