Apertura – Ciclo Trienal – Madre General

Su Excelencia, queridas Hermanas, queridos hermanos y hermanas en Cristo, todos los participantes de este encuentro de hoy:
Les doy una cordial bienvenida a cada uno y cada una de ustedes en la fiesta de la Ascensión del Señor, que ya ha llegado para nosotros aquí en Italia, al primer encuentro de nuestro ciclo trienal “Camino hacia el Jubileo de los 1700 años del nacimiento de San Basilio el Grande”. Para nosotros, esta no es solamente una ocasión para recordar la gran figura de nuestro Padre espiritual, sino sobre todo un tiempo de renovación espiritual, de profundización de nuestra vocación y de regreso a las fuentes de la espiritualidad basiliana.
Hoy quisiera mencionar especialmente que la iniciativa de esta preparación de tres años, propuesta por el Gobierno General de la Orden, fue acogida con alegría y entusiasmo por nuestras Hermanas Basilianas de Argentina. Este es un signo muy significativo para toda la Orden. Al comenzar este camino hacia el Jubileo, no sólo profundizamos en nuestras raíces espirituales, sino que también tratamos de poner concretamente en práctica la Visión de Futuro del XII Capítulo General: construir puentes de esperanza y paz en la Orden y en el mundo. Y precisamente este camino común hacia San Basilio el Grande, que reúne diferentes países, lenguas y culturas, nos ayuda a vivir aún más profundamente nuestra unidad como una sola familia basiliana.
Hoy comenzamos este camino guiados por las palabras de San Basilio el Grande: “Guarda tu corazón con toda vigilancia”. Estas palabras se han convertido para nosotros en una guía especial durante este año de preparación espiritual y de oración para el Jubileo.
En sus “Reglas Mayores”, San Basilio nos exhorta a “guardar cuidadosamente nuestro corazón para que no pierda el deseo de Dios… y para conservar continuamente en nuestra alma el santo pensamiento de Dios como un sello imborrable”. Estas palabras resuenan hoy con una actualidad extraordinaria. Vivimos en un mundo que fácilmente dispersa la atención de la persona, debilita el silencio interior y quita la capacidad de escuchar a Dios. Por eso San Basilio nos devuelve al corazón: a ese lugar más profundo donde nacen la oración, la fidelidad, el amor y la verdadera consagración.
Veo nuestro camino común hacia el Jubileo no simplemente como una serie de eventos o encuentros, sino como un camino de transformación interior. Juntos, como familia basiliana, deseamos aprender de San Basilio el amor a la Sagrada Escritura, la fidelidad a la oración, la atención al prójimo y una vida profunda en la presencia de Dios.
Creo que esto será para nosotros no solo un signo de unidad, sino también una fuente de fuerza espiritual y apoyo mutuo. Además, todavía nos esperan muchas iniciativas, acontecimientos e incluso sorpresas que el Señor ha preparado para nosotros. Lo importante es escuchar Su voz y cumplir Su voluntad.
Queridas Hermanas, hoy el Señor nos confía nuevamente la misión de ser una presencia orante, sanadora y vivificante de Dios en el mundo. Y el mundo necesita hoy, más que nunca, personas con un corazón que recuerde a Dios; personas que sepan construir puentes de paz y esperanza.
Gracias a todos por su presencia y por la apertura de su corazón. Rezo para que este camino hacia el Jubileo sea para la gloria de Dios y el bien de todos los participantes.
M. Emanujila Vishka, OSBM
