San Basilio Magno: Delineaciones de la vida espiritual

January 15th, 2010

           A Modo de introducción:

San Basilio Magno (c.330-379) dejó a la posteridad una producción literaria bastante rica. Unas 310 de las 366 cartas suyas han sobrevivido, una obra sobre la trinidad con el título Contra Eunomio en tres libros y otra Sobre el Espíritu Santo en 30 capítulos del mismo cariz dogmático. También se han conservado unas 40 homilías de las cuales 15 Sobre Los Salmos y la mayoría del resto sobre varios temas morales (contra el uso egoísta de las riquezas, contra la embriaguez, sobre la ira, la envidia, el bautismo, la gratitud y acción de gracias, el ayuno, la humildad, la fe, y como también tres encomios de santos mártires entre los cuales está Santa Julita). Por casi dos milenios las Nueve Homilías sobre el Hexaemeron las cuales tratan de los seis días de la creación (griego ‘heks’ = seis, ‘êmeron’ = día, días; ellas se basan sobre Génesis 1.1-26) desde que fueron predicadas en la cuaresma del 378 han sido siempre las favoritas de muchos lectores empezando con su amigo San Gregorio Nacianceno. Además existe una alocución famosa A los jóvenes sobre como leer e interpretar los autores griegos clásicos, la cual en el siglo XVI en su traducción latina de Leonardo Bruni se imprimió más veces que la Biblia. Algunos de los papas trataron de prohibir su lectura a los cristianos sobre todo a los candidatos al sacerdocio porque en ella se aprueba el estudio y uso de la poesía. Como se ve tal medida tuvo muy poco efecto. En el libro Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra su protagonista posee una copia de la obra de San Basilio.

Todavía sobre todo son las obras ascéticas de San Basilio las que lo consagraron como uno de los más grandes autores clásicos cristianos. Por muchos siglos se lo consideró padre fundador del monacato oriental cenobítico, con su énfasis en la superioridad de la vida común sobre la eremítica, recomendada tanto para los hombres como las mujeres. A este efecto, a mediados de los años 370 él publicó una colección de todos sus escritos ascéticos titulándolos modestamente Compendio de la vida ascética (en griego ‘Hypotyposis askêseos’). Hasta el presente sólo partes de esta obra se conocían: cuatro de los cinco prefacios, 80 Reglas morales y 368 preguntas y respuestas consideradas como sus 55 reglas más amplias y 313 más breves (hasta el siglo XX nueve otras se ignoraban). Hoy en día sabemos que esta última obra inicialmente consistía de sólo 203 preguntas y respuestas. Una traducción latina de Rufino del 397 y otra en siríaco sobreviven pero el texto original griego de ellas se perdió tal vez a raíz de haber sido suplantado por la versión más amplia. Alrededor de estas magras estadísticas hay muchas cuestiones las cuales recibieron una atención más profundizada sólo en los últimos 60 años. Estos estudios revelaron muchos datos con gran repercusión para la interpretación correcta del pensamiento y enseñamiento de San Basilio.

En el futuro esperamos volver nuevamente a estas cuestiones para refinarlas ulteriormente. Por el momento sea suficiente decir que desde hace un tiempo se está preparando una primera edición crítica del Compendio de San Basilio. En ella las preguntas y respuestas aparecerán bajo el título Gran Asketikón que les es propio desde el punto de vista histórico y literario. Este tratado será dividido en dos libros, el Libro A con 55 y el Libro B con 322 preguntas-respuestas por un número total de 377, nueve más de cuanto se tenía hasta ahora. Lo más decisivo e importante será el hecho de que el orden de las 322 cuestiones del Libro B recibirá una compaginación diversa de la que hasta ahora tradicionalmente se ha conocido. Entre otros muchos logros, tal correctivo eliminará una vez por siempre algunas de las incoherencias creadas por la malhecha distribución de los capítulos en las ediciones existentes. Tómese como un ejemplo la pregunta-respuesta 95 en estas ediciones según la cual el asunto de que trata ha sido anteriormente discutido. Si San Basilio hubiera compaginado de esta manera su libro entonces a él se le podría acusar de ser u olvidadizo o muy distraído pues esas respuestas se hallan 140/141 cifras más adelante, bajo los números 235 y 236. Otra instancia de flagrante desaliño se halla al comienzo del Libro B. La segunda parte de la respuesta a la pregunta planteada en el número cinco en las presentes ediciones del Libro B se encuentra 282 números más adelante, bajo el número 287. Mientras tanto en la mayoría de los manuscritos ignorados por las ediciones accesibles ellas se siguen una a otra, la quinta es b.7 y la 287 es b.8. En el caso más anterior las preguntas-respuestas con los números 235 y 236 en los manuscritos recientemente estudiados preceden al número 95: b.267 es 235, b.268 es 236 y b.269 es 95.

Para el beneficio de aquellos que leen y entienden el idioma ucranio al fin de este blog, en un Apéndice, vamos a dar una lista completa de todas las obras espurias que se infiltraron en las pocas traducciones vernáculas existentes. Lamentablemente, poco o nada de San Basilio hasta ahora se ha traducido al castellano, ciertamente ninguna de sus obras que forman parte del Compendio de la vida ascética.

Sólo por haber tocado someramente en algunos de estos puntos de la crítica histórica uno se da cuenta que antes de comenzar a hablar o estudiar a San Basilio uno debe cerciorarse de si la base en las cuales vendrán apoyadas las interpretaciones es sana y sólida. Una vez establecidos los hechos todo aparecerá mucho más fácil. Las oscuridades y ambigüedades se disiparán, la comprensión se profundizará y las discusiones culminarán en resultados más constructivos y enriquecedores no sólo para uno solo sino también para todos aquellos interesados en apropiarse el pensamiento y doctrina de San Basilio.

             i.  Los carismas: unidad en la diversidad (Regla Moral 60)

            Antes de leer esta regla es muy importante notar que es lo que San Basilio entiende por el vocablo ‘carisma’ (griego ‘chárisma’, pronunciado ‘járisma’). El apóstol San Pablo que fue el primero a usar este término lo empleó en dos sentidos. En primer lugar en referencia al ‘llamado’ (en griego klêsis’, un término sinónimo del carisma) dirigido a todas las gentes para juntarse y unirse en una sola entidad bajo la soberanía de Dios revelado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Esta nueva comunidad de ahora en adelante será constituida no sólo por los judíos israelitas sino por gente de todas las razas.

En segundo lugar San Pablo se sirve del término carisma para resaltar la diversidad al nivel personal de cada miembro de la comunidad como resultado de poseer cada uno diversos atributos personales o talentos no sólo del orden espiritual sino también natural. Entendido así, en toda su riqueza semántica original, acepción ésa que posteriormente será reducida a sólo lo que es sobrenatural, el vocablo carisma con su raíz etimológica en la palabra ‘charis’ (pronunciada ‘járis’, ‘gracia’, ‘belleza encantadora y seductora’) abraza y compagina toda la realidad bajo el único y absoluto dominio divino, y al mismo tiempo ella sirve para denotar la multifacética manera de ser partícipe en esa gracia que por decir así numéricamente es una, pero que como el DNA (ADN) en el orden natural humano, hace lo uno manifestarse en lo múltiple, siempre de una manera nueva e irreducible. Es así que en vez de dividir y separar, el carisma unifica, compagina y cementa lo que es múltiple y diverso en lo que en el fondo es singularmente uno.

            He aquí como San Basilio no sólo explica este fenómeno fundamental pero en su manera habitual corrobora todo lo dicho con citas bíblicas del Nuevo Testamento.

                                               REGLA MORAL 60:

            Así como los carismas del Espíritu son diversos y una sola persona no puede recibirlos todos, ni todos pueden recibir el mismo carisma  es necesario que cada uno, con sabiduría y acción de gracias, permanezca en el carisma recibido y que todos se compongan armónicamente el uno con el otro en el amor de Cristo, como miembros del cuerpo. De este modo aquellos que tienen menos carismas no se sentirán inferiores a aquellos que tienen más, y aquellos que tienen más no despreciarán a aquellos que tienen menos. En efecto, aquellos que están divididos y discordes merecen ser destruidos.

 

            San Mateo 12.25: Todo reino dividido contra sí mismo será desolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma acabará en la ruina.

 

            Gálatas 5.15: Cuídense, porque si continuas mordiéndoos y devorándoos, acabaréis todos por destruirse unos a otros.

 

            San Juan 17.20-21: No ruego sólo por los que están aquí presentes. Ruego también por los que en el futuro han de creer en mí por medio del mensaje de ellos, para que todos sean uno, Padre, así como tú estás en mí y yo en ti.

 

            Hechos de los Apóstoles 4.32: Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían.

 

            Romanos 12.3-8: Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya otorgado. Pues así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos carismas diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el carisma de alguien es el de la profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría.

 

            1 Corintios 1.10: Los suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.

 

            1 Corintios 12.12-13: De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo. Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para constituir un solo cuerpo, ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

 

            Filipenses 2.2-4: Llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.

 

            ii. Marcas características de los cristianos (Regla Moral 80.22)

            La Regla Moral 80, sección 22, de San Basilio bien se puede considerar como su testamento espiritual. En su manera muy característica que es de ser claro y conciso, San Basilio esboza los lineamentos del carácter de aquellos que se comprometieron en el bautismo de seguir cuerpo-alma-espíritu a Cristo con toda seriedad. En su época, los años 330-379, mucha gente se había interesado en recibir el bautismo sólo para mejorar su situación en la vida de un Imperio Romano el cual por primera vez reconocía la fe cristiana como la religión del estado y otorgaba a los que eran bautizados mejores puestos de trabajo y empleo. Su hermano San Gregorio de Nisa se queja de que muchos de los cristianos de su día eran sólo cristianos de nombre. Para remediar esta lamentable situación sobretodo ellos dos, pero también algunos otros de sus contemporáneos, se empeñaron en recordar a los bautizados de tener presente el significado profundo de su fe, que es la transformación radical del carácter y corazón humano.

La palabra ‘carácter’ en San Basilio abarca la persona entera. Algunos otros de los autores antiguos adhiriéndose al vocabulario bíblico lo llaman ‘corazón’, por manifiesto en una acepción más amplia de la nuestra. De aquí que el sentido más profundo de la pregunta planteada 16 veces por San Basilio en esta Regla toma en cuenta la necesidad de adherir a la fe no sólo de palabra sino de vivir totalmente cuerpo-alma-espíritu una vida conforme con los compromisos asumidos. Estos incluyen en poner en práctica todos los enseñamientos transmitidos no sólo en las palabras sino también en el ejemplo de la vida terrestre de Cristo humanado, y en dejarse guiar cotidianamente por su espíritu, el Espíritu Santo, el cual mediante sus dones, los carismas, asegura la continuidad entre ésa vida terrestre de Cristo y nosotros. Con otros Padres griegos San Basilio es de la opinión según la cual sólo Cristo es la verdadera imagen de Dios. Nosotros siendo creados ‘según la imagen’ debemos gradualmente suprimir la limitación impuesta por la preposición ‘según’ y gradualmente convertirnos al modelo de Cristo hasta llegar a ser en la medida concedida a cada persona imágenes de Dios como lo es él por su naturaleza divina.

 

                                               REGLA MORAL 80.22. 1-16:

1.  ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En La fe que opera mediante el amor (Gálatas 5.6).

2.   ¿En qué consiste la característica propia de la fe?

En la firme y plena convicción de la veracidad de las palabras inspiradas, sin resguardo a ninguna clase de argumentos provenientes sea de la naturaleza física como de la gente que se disfraza bajo el manto de la verdadera religión.

3.   ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que creen?

En arraigarse con la misma convicción en el poder de las palabras de la Escritura, sin atreverse a quitar o añadir algo (véase Gálatas 3.15). Ya que si, como lo afirma el Apóstol, Todo lo que no se hace por fe es pecado (Romanos 14.23), y si La fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo (Romanos 10.17), así también todo lo que está afuera de la inspirada Escritura, no siendo de la fe, es pecado.

4.   ¿En qué consiste la característica propia del amor hacia Dios?

En el cumplimiento de sus mandamientos con el fin de rendirle gloria.

5.   ¿En qué consiste la característica propia del amor hacia el prójimo?

En no buscar los intereses de uno sino el de aquellos que se ama (véase 1 Corintios 13.5), con miras a beneficiar el cuerpo y el alma de ellos.

6.   ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En el haber nacido de nuevo (véase San Juan 3.3), por medio del bautismo del agua y del espíritu (véase San Juan 3.5).

 7.  ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que han nacido del  agua?

En haber muerto y haber sido liberados del dominio del pecado. Además, teniendo en cuenta lo que está escrito sobre Cristo el cuál Murió al pecado una vez para siempre (Romanos 6.10), que por nuestra parte asimismo nosotros Todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, lo fuimos bautizados para participar en su muerte. Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, sabiendo que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado (Romanos 6.3-4 6).

8. ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que han nacido del Espíritu?

En identificarse según la medida dada a cada uno con aquello de lo cual uno ha nacido, como está escrito, Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu (San Juan 3.6).

9. ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que nacieron de nuevo? (véase San Juan 3.3).

En Despojarse de la vieja naturaleza con sus vicios, y vestirse de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su creador (Colosenses 3.9-10), como está escrito, Porque todos los que han sido bautizados en Cristo, se han revestido en Cristo (Gálatas 3.27).

10. ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En purificarse de toda contaminación de la carne y del espíritu en la sangre de Cristo, en avanzar la obra de la propia santificación en el temor de Dios (véase 2 Corintios 7.1) y en el amor de Cristo. Y asimismo, en no tener mancha o arruga o algo semejante, pero ser santos e intachables (véase Efesios 5.27), y en tal manera comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre. En realidad, El que come o bebe sin discernir, come y bebe su propia condena (1 Corintios 11.29).

11. ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que comen el pan y beben el cáliz del Señor?

En guardar sin cesar la memoria de aquel que murió y resucitó por nosotros (véase 2 Corintios 5.15).

12. ¿En qué consiste la característica propia de aquellos que guardan tal memoria?

En no vivir más para sí sino para aquel que ha muerto y resucitado por ellos (véase 2 Corintios 5.15).

13. ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos

En que su justicia sea en todo superior a aquella de  los escribas y de los fariseos (véase San Mateo 5.20), en conformidad con la doctrina del evangelio del Señor.

14.  ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En amarse los unos a los otros como Cristo nos ha amado (véase Efesios 5.2).

15. ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En tener siempre al Señor delante de sí (véase Salmo 16.8).

16. ¿En qué consiste la característica propia de los cristianos?

En mantenerse vigilantes cada día y cada hora (véase San Mateo 25.13), y estar prontos a cumplir perfectamente aquello que agrada a Dios (véase San Marcos 13.34, San Lucas 12.42-43), sabiendo que a la hora a la cual menos pensamos el Señor viene (véase San Mateo 24.44, y pasajes paralelos en San Marcos y San Lucas).

 

            APÉNDICE: Obras espurias (no escritas por San Basilio Magno, pertenecientes a otros los cuales las pusieron bajo su nombre para avanzar sus agendas, y que nunca se deben usar en la interpretación del pensamiento y doctrina basilianos):

(i) ‘Asketychni tvory sv. Vasyliya Velykoho (obras ascéticas). Traductor arzobispo metropolitano Andriy Sheptyckiy, OSBM (L’viv: 1929; reimpresión, Roma: Vydavnytstvo oo. Vasyliyan, 1989).

1.  Páginas 5-20, 129-138: ninguno de estos cinco discursos pertenece a San Basilio (véase también la reimpresión preparada por Hlib Kinach, OSBM, Apóstoles: Drukarnya oo. Vasyliyan, 1951).

2.  Páginas 370-429: se trata de las llamadas epitimias en dónde se recomienda entre otras cosas el castigo corporal, y del libro de 30 capítulos de las Constituciones monásticas en las cuales se aprueba la convivencia del estilo eremita al lado del cenobítico en un mismo lugar.

3.  Páginas 438-448: 4 cartas espurias a diversos destinatarios recomendando un estilo de vida completamente opuesto a San Basilio.

4.  Páginas 455-456: carta espuria falsamente atribuida a San Basilio.

(ii) ‘Nauky sv. Vasyliya Velykoho dlya narodu’ (varios traductores, Glen Cove, N.Y.: 1954; volumen recientemente reimprimido).

Páginas 184-188: Homilía XVII, Encomio del mártir Barlaám.

(iii) ‘Vybrani lysty sv. Vasyliya Velykoho’ (74 cartas traducidas por el Padre Serhiy Fedynyak, OSBM; New York: Vydavnytstvo oo. Vasyliyan, 1964).

Páginas 56-76, 88-89, 116-118, 159 (espuria es la segunda parte de la carta auténtica a San Ambrosio sobre las reliquias de San Dionisio Mártir), 209-211: todos estos ocho escritos deben ser repudiados como falsificaciones.

 

            Advertencia: todos los textos escriturarios citados por San Basilio que aparecen en este artículo han sido traducidos directamente del texto griego usado por él. En numerosos casos éso es diferente del de las ediciones críticas modernas. Este asunto será tratado más detalladamente en la nueva edición crítica en preparación. Todavía, como es usual, fueron consultadas varias de las existentes traducciones castellanas de la Biblia completa, y donde ambos textos se acordaban, la traducción de San Basilio fue compaginada con ellas ya que para la mayoría de los lectores son ésas las más accesibles. A tal propósito a modo de ilustración véanse entre otras muchas las siguientes versiones hechas de los originales arameo, hebreo y griego: Nueva versión internacional, Biblia de Jerusalén, Biblia Reina Valera y Nueva Biblia española, esta última a cargo de Luis Alonso Schoekel (1920-98) y Juan José Mateos (1917-2003).